Amor, dolor, sanación emocional.
En algún momento de la vida enfrentamos crisis y se siente
que las ilusiones se desvanecen, las expectativas se vienen abajo,
aparece la desorientación, lo que se ama ya no está, el ser amado
ha elegido otro camino y se siente dolor.
Se sufre porque no hay amor propio, la autovaloración
se limita al sentimiento, las emociones se desbordan, el corazón
sobrelleva agudas sensaciones de vacío y se viven como manifestación del alma.
Los sentidos se apocan, no se escucha la voz interna del ser consciente.
El amor se distorsiona, se vuelve egoísta. Se ama a
tal manera que se aprisiona al ser amado con exigencias de su
cariño, de su tiempo, y de su atención.
El miedo, la desconfianza, el sentimiento de pérdida de lo que se ama tanto conlleva a confrontar rechazos, mentiras, decepciones y lo inevitable el sentir que lo que se creía estable, firme, seguro no corresponde a las expectativas fundadas y todo lo que fue motivo de felicidad ha quedado reducido a la fantasía, al espejismo a la desilusión.
El miedo, la desconfianza, el sentimiento de pérdida de lo que se ama tanto conlleva a confrontar rechazos, mentiras, decepciones y lo inevitable el sentir que lo que se creía estable, firme, seguro no corresponde a las expectativas fundadas y todo lo que fue motivo de felicidad ha quedado reducido a la fantasía, al espejismo a la desilusión.
Estar en equilibrio con el amor propio es saber reconocer las
cualidades, las fortalezas, la capacidad de razonar, de comprender,
de aceptar, y lo más importante de asumir lo que pueda sobrevenir y lo
que no se puede cambiar.
El amor de verdad se entrega sin condiciones, cada acción cada
gesto, cada entrega de amor surge del bienestar que implica amar al
otro, incluso aunque el ser amado haya elegido otro camino.
Cuando nos aceptamos realmente como somos, cuando
reconocemos nuestro valor es posible amar sin la necesidad del amor
correspondido, amor libre de apegos, de resultados esperados y se podrá
estar abiertos a recibir en la vida personas que correspondan en la misma
medida el afecto en un intercambio de amor que no propicie dolor.
El alma se manifiesta a través de las emociones y cuando
se encuentra en armonía con la sensatez se podrá
reconocer sentimientos propios y ajenos y desarrollar habilidades
para manejarlos reflexivamente, proveyendo entendimiento,
paz, bienestar y luz para superar la confusión de la temerosa mente.
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