Las imágenes que vemos y
experimentamos son procesadas por el
cerebro, todo llega ahí a ese espacio tan reducido de escasos centímetros
cúbicos, llega a través de los sentidos convertidos en señales eléctricas.
La mente no confronta la materia original que captan los
sentidos, sino una copia eléctrica formada
o procesada dentro del cerebro;
nos engañamos asumiendo que estas copias son la materia original tal y como es recepcionada por los
sentidos.
La única comunicación que
tenemos con lo externo es la mente, todo lo que percibimos con los sentidos
como si fuera materia, para el cerebro son en realidad señales eléctricas,
estas señales eléctricas son trasmitidas por las neuronas a áreas específicas
del cerebro donde se genera una representación o imagen mental, es así
como la única realidad es el mundo de percepciones que vivimos en nuestra
mente.
Al ser diferente la vida
de cada uno de nosotros, lo es por consecuencia también las representaciones
mentales que elabora el cerebro y la
visión o percepción de la realidad lo será también en cada ser
Estos criterios revelan que cada uno de nosotros entonces,
tendrá su propia representación (percepción) de la realidad en su mente,
interpretando las situaciones de manera diferente, y prácticamente a modo
particular.
Por todas estas razones lo ideal ha de ser valerse de una mentalidad abierta,
sencillamente con algunos cuestionamientos es posible ubicarnos en el contexto
del otro con quien interactuamos. Pensarnos en la realidad del otro (contexto
en general, modo de vida, cultura, religión, idioma….todo lo que es el mundo de
la vida del otro) permite comprender sus acciones, sus percepciones, aunque las nuestras sean opuestas y lo que quizás resulta más valioso es un
entendimiento más lúcido de los por qué (actos del otro) que no logramos
comprender.
La tendencia a crear estereotipos que nos permitan clasificar a las personas bajo ciertos roles y categorizarlas limitan, por así decirlo enriquecerse con los aportes de ideas, puntos de vista.
Interpretando y comprendiendo
la realidad de los demás se amplía el poder tomar decisiones más
elaboradas y nos ayuda a interactuar
apropiadamente en las relaciones que se establecen cotidianamente.




