viernes, 23 de marzo de 2018


EL SUFRIMIENTO Y LA RAZÓN

 

Lo que no podemos permitirnos es ser victimas del sufrimiento. 


El sufrimiento es una elección inconsciente que evade la razón. 
Una vez presente el padecimiento, es bueno validarlo y fijarse claramente que las emociones y a donde conducen estas emociones no dejaran nada útil,  ni práctico a la salud, ni a la vida.
El ejercicio viable para evitar ser víctima del sufrimiento es la comprensión de lo que lo origina.
Comprender que los otros, con quienes inter-actuamos en nuestra cotidianidad, están en todo su derecho en hacer valer su interés y su interés jamás sucumbirá al nuestro.
Las personas que por alguna razón nos acompañan en este tránsito de la existencia están en su derecho de buscar su conveniencia por encima de la nuestra. Esto es pensar diferente, tomar decisiones que pueden afectarnos, proceder y con sus actos arrasar nuestros intereses. En fin la lista sería interminable.
El origen del sufrimiento lo propiciamos nosotros mismos al no comprender que todo ser tiene un interés personal que es distinto al nuestro y por eso entramos en un mar de emociones desbordantes que sumergen en cavilaciones, en afectaciones emocionales, acabando con la tranquilidad emocional, con la salud física, emocional y energética.
Me atrevo a afirmar, que en este sentido el ser egoísta al ir por lo que nos interesa sin pensar en los intereses de los otros es un mecanismo que en cierto modo provee bienestar. Eso si aclaro, sin traspasar ese límite que establece la razón, al no dañar, al no herir, ni mitigar el bienestar de nuestros congéneres por goces materiales que en esta vida no sirven sino de adorno, porque en lo espiritual lo único que tiene valor son los principios y los valores que a conciencia nos identifican.
En síntesis,  el sufrimiento es una cuestión de interpretación, de análisis, de validación y de comprensión de la situación que lo motiva,  o que lo origina y la decisión de que desaparezca está en nuestra capacidad para aplicarle la razón; es decir la inteligencia. 
Una vez se ha realizado dicho análisis, lo que origina dolor pierde su fuerza, pierde sentido y su dominio sobre  nosotros desparece.

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