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| (Imagen tomada de la Web) |
Es usual oír decir
que “se viven tiempos difíciles”
para hacer referencia a los niveles de violencia, a la intolerancia, a
la falta de sensibilidad y a la desorientación que todo esto promueve en los grupos humanos.
Qué hacer entonces, cómo lograr encontrar pautas de educación
urgentes, necesarias para conseguir forjar un ser humano más integral… más humanitario
tan necesario en estos tiempos.
Se han desarrollado y continúan ampliándose trabajos de investigación que puedan neutralizar
el desequilibrio familiar y social que vive el género humano y así ir direccionando esfuerzos, acciones, estrategias
que orienten posibles soluciones abordando los siguientes fundamentos:
La familia es el
primer espacio de socialización de los niños y niñas
Por tanto traer a la vida a un ser es un acto de responsabilidad y está comprobado que los aspectos bilógicos y psicológicos del entorno van configurando al infante como un ser social.
De acuerdo con Boris Cyrulnik (2005), en sus
investigaciones sobre la etapa prenatal afirma que, incluso desde la fase
embrionaria, las informaciones percibidas por el
embrión participan en su desarrollo. De acuerdo con este planteamiento, es necesario propiciar un estado general de bienestar, alegría y tranquilidad
durante la gestación, mientras más
armonioso sea el contexto del niño más seguro y estable será su desarrollo
emocional.
El oportuno
acompañamiento de los adultos en la vida de los niños es un pilar fundamental en la formación y desarrollo de las futuras
generaciones.
Los padres son el modelo que siguen los hijos, es notable y
significativo tener presente lo que
implica este razonamiento y propiciar ese ambiente sano, armonioso, a través del afecto y de buenas destrezas de la comunicación.
Los niños son capaces de expresar a través de las relaciones
que establecen su empatía y es en esos instantes de empatía y de acercamientos donde se programa, se instaura, se corrige, se
forma enseñando y proyectando pautas de conductas sensibles, humanizantes
fundamentadas en los principios y valores necesarios para el futuro establecimiento
de relaciones sanas y positivas para sí mismo y el medio ambiente que le rodea.
Una mente dominada por las emociones
emanadas del amor, de la sabia orientación es albergue para la inteligencia,
para la razón, para el discernimiento y será competente para desarrollar la
capacidad de pensar, de amar, de
convivir en armonía con su entorno.

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