sábado, 8 de junio de 2013

Acontecimientos Metodológicos En la Práctica Profesional

Imagen tomada de la Web
El ideal para realizar una actividad terapéutica absoluta  es un ambiente tranquilo, para que  quien requiere  la atención se encuentre seguro, cómodo al sentir que es un espacio para él, que es esperado en el, y sobre todo que es ahí donde puede encontrar discreción, tratamiento y orientación profesional  en lo que le aqueja.

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Un buen comienzo de la relación del terapeuta- paciente se da en la empatía que comienza en el saludo cálido de bienvenida al extenderle la mano con firmeza en señal de acogimiento, con un gesto cordial expresado en la sonrisa.

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En el discurso que se genera entre paciente y terapeuta se evidencia generalizaciones en las que es claro que el paciente identifica criterios a los que les asume el origen del malestar motivo de su consulta.  Es labor   del terapeuta incurrir más allá en el análisis para   deducir  la causa real y con el paciente clarificarlo, conceptualizarlo  con el objeto de reconocer lo que efectivamente estaba dentro de él molestándole  e intranquilizándolo.

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A veces para entender un poco lo que está pasando es bueno dejar que los sucesos se salgan aparentemente fuera de control.  El terapeuta ha de saber que quiere en el transcurso, así tendrá la interposición dentro del dominio imperioso que apunta a dar respuesta a lo que realmente demanda el paciente.  



Ser capaz de hacer esto depende del análisis, de  la flexibilidad del terapeuta, de su capacidad de adaptación a los diferentes pacientes, más que del paciente adaptándose a la terapia.


En el transcurso de la relación terapéutica es importante  la revisión con el paciente  de los objetivos, avances y criterios utilizados en cada  sesión de ahí puede reorientarse la terapia, y medir la satisfacción del consultante y el éxito mismo de terapeuta en su intervención.

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