sábado, 27 de julio de 2013

GESTIONAR LAS EMOCIONES, OCUPARNOS DE ELLAS, COMPRENDERLAS, ATENDERLAS, RESOLVERLAS UNA ESTRATEGIA GRATIFICANTE DE VIDA Y PARA LA VIDA.

Las emociones son estados, procesos que se activan y responden a la información que recepcionan  los sentidos;  son reactivas y el gatillo detonante es siempre algo que nos sucede, suelen ser de corta duración, de difícil control aunque es posible regularlas.

"Emociones",  de Alex Stevenson Díaz, ARTISTA COLOMBIANO,
Serie pinturas Desnudos Masculinos en la Pintura Artística,
Oleos Figura Humana Hiperrealista Contemporánea
El dominio emocional requiere paciencia, disciplina,  práctica y reconocer  que somos nosotros quienes creamos nuestras emociones mediante un  flujo de información que proviene de lo externo y que opera a través de variados filtros seleccionando, eliminando, interpretando  datos gracias a la  influencia de preceptos como creencias, cultura, principios, valores, y en general las implicaciones que se propician en el  entorno.

La incapacidad para operar las emociones (en particular, las emociones “negativas”) es un problema grave  en la interacción  y puede ser extremadamente perjudicial en las relaciones que se establecen  originando   insuficiencias  en las capacidades personales y sociales  durante el desarrollo evolutivo de los individuos.

Se han desarrollado diversos métodos eficaces para gestionarlas partiendo de saber cómo se procesan las emociones y los filtros que atraviesan es bueno razonarlas, deducirlas, canalizarlas a través de la catarsis, del evaluar la representación mental que ha originado la emoción  sustituyéndola por  otra representación más deducida y razonada.

Gestionar las emociones nos facilitará la oportunidad de una mayor capacidad de adaptación y de un mejor conocimiento y seguridad en sí mismo.

Estas son algunas recomendaciones para  lograrlo:

1.       Reconocer la representación mental, la emoción que estamos afrontando.
2.     Examinar los pensamientos que genera la representación mental (sentimientos que  están aflorando a causa de lo que se cree la detono).
3.     Comprender que nuestras creencias, principios, valores influyen en lo que creemos sentir (esto es observar objetivamente los hechos que detonaron la emoción).
4.    Sustituir  pensamientos negativos,  por otros más positivos.
5.     Convertir las emociones  en acciones y comportamientos efectivos es fundamentar nuestro comportamiento sobre un balance entre pensamientos y sentimientos.
6.    Practicar respiraciones profundas con exhalaciones lentas, Cada vez que inhalamos, enviamos oxígeno a cada célula viva del cuerpo. Cada vez que exhalamos, expelimos residuos, como el gas carbónico y demás gases tóxicos. Cuando las emociones están agitadas, la mente estará agitada y la respiración lo estará también. Si la respiración se calma, todo lo demás se calmará.


El pensamiento es el origen de las acciones, mientras más claros y positivos  sean,  mucho más identificable son las posibilidades  en  la comprensión  de lo que nos sucede.

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