PROEZA EN EL AMOR Y EL SUFRIMIENTO
Ante tan descomunal destrucción, escalo con esmero empinadas cumbres, sintió sablazos que cortaban su corpórea humanidad y el ardiente sol le abría laceraciones que no imaginaba. Apenas podía soportar tanto dolor y el inclemente astro no se ocultaba, ni siquiera con el caer de los torrenciales aguaceros que lo apuraban y tortuoso lo sorprendía la noche buscando hallar resguardadero. Con los primeros hilos relucientes de la aurora celestial, emprendía el camino y animoso recordaba su motivación. Aún no tenía respuesta al por qué el corazón humano sufre tanto y muere de dolor y autodestrucción, y en esas cavilaciones se propuso continuar su camino en la búsqueda de respuestas. Llegó al punto más alto del relieve y la fuerza del viento con facilidad demente lo arrojo a los desiertos. Contemplo la desolación, lo aturdió la soledad hasta desgarrársele el alma.
El dolor le hacía clamar la muerte, pero no supo exactamente donde dolía. Sin hallar explicación a lo que veía, a lo que sentía, vino la desesperación, la fortaleza por instantes se perdía. No había nada en que asirse, todo se diluía. Ya casi sin vida abandonó la levedad y sucumbió al peso de la nostalgia. Imploro la muerte y ésta desgarbada se reía, con cadavérica imagen iba, venia en círculos, bailaba, gritaba y se henchía para preguntarle si tenía la respuesta ante el porqué de su padecimiento. Fue entonces cuando el amor logro aclarar su razonamiento, y tomo conciencia que el sufrimiento fue en vano, que lo propicio el mismo, en su aventura de querer conocer lo más recóndito del corazón de los que sufrían; que todo lo que abatía el sufrimiento era provocado por los instintos de los egos humanos, centrados en conseguir placer sin tener en cuenta el precio que hay que pagar, y también a causa del deseo de poder y superioridad desmedida, la codicia sin límites, sin olvidar la falta de respeto a los demás. Todos estos apegos provenientes de no comprender la verdadera permanencia de lo que se tiene; al aferrarse a cosas, personas, títulos, logros, etc. Olvidando que todo en cualquier momento puede desaparecer.
El amor venció su entelequia y pudo sentir la suavidad del aire que dibujaba con sutileza, matices boreales, y la figura irrisoria e infernal de lo que creía era la muerte despareció en ese instante para conceder sentido a la vida. Entendió que el hombre vive en un universo de causa y efecto, donde las consecuencias de los actos son inevitables y aún y así el sufrimiento es conscientemente permitido por nosotros mismos.
La lección fue aprendida:
NO HAY IMPUNIDAD DE CONCIENCIAS, NI DE ACTOS CUANDO SE ESTÁ EN MANOS DEL JUEZ IMPLACABLE EN LA LEY DE LA VIDA.
Autora: Emilsen Tovar Losada
Fecha: 30 de Marzo de 2014
Registro: 10-439-140
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País Colombia

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