AMAR Y QUERER
Dos términos que están muy íntimamente concernidos a lo emocional y que por
lo general se asocian con la relación de pareja y los afectos más esenciales, sin desconocer que se aplican a todos los
contextos en los que nos desenvolvemos y que sus significados e interpretaciones son distantes de acuerdo con el argumento en que son
utilizados.
Para comenzar según la Real Academia Española de
la Lengua (RAE), estos términos poseen significados distintos.
La palabra amar es un verbo que proviene de la palabra amor cuyo carácter indica
expresar sentimientos de afecto intensos por iniciativa propia, por atracción y
deseos de entrega desinteresada cuyo objetivo primordial es ser correspondido
en la misma proporción, aun sin esperar nada particular de la persona objeto de
los afectos.
Y la palabra querer que también es un verbo cuyo significado hace
referencia a la pretensión de querer cumplir
con unos deseos de poseer o
apetecer algo o a alguien para su propia
satisfacción personal.
Por último en este fragmento de la obra "El
principito" (Le Petit Prince, 1943), del escritor y aviador francés
Antoine de Saint-Exupéry (1900–1944) podemos valorar y apreciar claramente dichas diferencias entre los dos términos
La
rosa y el principito
Antoine de Saint-Exupéry (*)
Antoine de Saint-Exupéry (*)
-“Te amo” - dijo el principito.
-“Yo también te quiero” - dijo la
rosa.
-“No es lo mismo” - respondió
él..
Querer es tomar posesión de algo,
de alguien. Es buscar en los demás eso que llena las expectativas personales de
afecto, de compañía....
Querer es hacer nuestro lo que no
nos pertenece, es adueñarnos o desear algo para completarnos, porque en algún
punto nos reconocemos carentes.
Querer es esperar, es apegarse a
las cosas y a las personas desde nuestras necesidades. Entonces, cuando no
tenemos reciprocidad hay sufrimiento. Cuando el “bien” querido no nos
corresponde, nos sentimos frustrados y decepcionados.
Si quiero a alguien, tengo
expectativas, espero algo. Si la otra persona no me da lo que espero, sufro. El
problema es que hay una mayor probabilidad de que la otra persona tenga otras
motivaciones, pues todos somos muy diferentes. Cada ser humano es un universo.
Amar es desear lo mejor para el
otro, aún cuando tenga motivaciones muy distintas.
Amar es permitir que seas feliz,
aún cuando tu camino sea diferente al mío. Es un sentimiento desinteresado que
nace en un donarse, es darse por completo desde el corazón. Por esto, el amor
nunca será causa de sufrimiento.
Cuando una persona dice que ha
sufrido por amor, en realidad ha sufrido por querer, no por amar. Se sufre por
apegos. Si realmente se ama, no puede sufrir, pues nada ha esperado del otro.
Cuando amamos nos entregamos sin
pedir nada a cambio, por el simple y puro placer de dar.
Pero es cierto también que esta
entrega, este darse, desinteresado, solo se da en el conocimiento. Solo podemos
amar lo que conocemos, porque amar implica tirarse al vacío, confiar la vida y
el alma. Y el alma no se indemniza.
Y conocerse es justamente saber de
ti, de tus alegrías, de tu paz, pero también de tus enojos, de tus luchas, de
tu error. Porque el amor trasciende el enojo, la lucha, el error y no es solo
para momentos de alegría.
Amar es la confianza plena de que
pase lo que pase vas a estar, no porque me debas nada, no con posesión egoísta,
sino estar, en silenciosa compañía.
Amar es saber que no te cambia el
tiempo, ni las tempestades, ni mis inviernos.
Amar es darte un lugar en mi
corazón para que te quedes como padre, madre, hermano, hijo, amigo y saber que
en el tuyo hay un lugar para mí.
Dar amor no agota el amor, por el
contrario, lo aumenta. La manera de devolver tanto amor, es abrir el corazón y
dejarse amar.
-“Ya entendí” - dijo la
rosa.
-”No lo entiendas, vívelo” - dijo
el principito.
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